martes, 14 de septiembre de 2010

Te busqué...



"Apenas perceptibles, escucho tus palabras
se acercan las bandas de rock and roll
y sacuden un poco,
las paredes gastadas
y siento las preguntas de tu voz.
Y rasguña las piedras,
y rasguña las piedras
Hasta mí..."
(Fragmento de RASGUÑA LAS PIEDRAS (Nito Mestre y Chary García)







Te busqué.

Como se busca el tiempo perdido.

Inútilmente.

Sabiéndote mutilado en el rincón de los suspiros.

En el puente humillado

bajo el agua de la humildad.

La que no has de beber, la que corrió bebida.

En la oficina clausurada por demolición de olvidos.

En los objetos extraños

y en las causas perdidas.

Acodado en la barra de macerar el vino

en cubas del roble cobarde que llora más que sauce,

traduciendo en ramas caídas el árbol demolido.

En el lunar distante del verde mar del camino

sobre el labio que seduce

el lejano beso del trigo.

En la flor que nunca abrió los pétalos marchitos

y en la inmensidad de la verdad y la mentira.

En el cristal roto del cenzontle de la risa.

En la maratón por correr de los fracasos del futuro.

En el tropiezo distraído que bailó en la cornisa.

En el monte de Venus,

y en el Olimpo griego.

En el oráculo del callejón (sin salida)

y en la puerta verde de la esperanza

(sin entradas ni salidas).

En la quinta sinfonía y sus cuatro acordes,

en el solfeo de la tarde,

en el grillo apareando de violines la noche,

En el asombro de la mañana y en el misterio del alba.

Le pregunté al Capitán, si no lo vio ahogado en Versos.

Todo inútil, toda búsqueda fue en vano.

Un último recurso!!

El mundo de entonces!

Y allí…estabas. Seguro. Intacto. Erguido.

Sereno. Paciente. Medido. Y tan puro.

Pero muerto.

Tan vivo de tan muerto.

Me corrió un frío por la espalda y entendí, muriendo

que solo se muere una vez,

y esta vez, es cierto.

Me vi en el espejo empañado del no reflejo.

Rasgué la lápida blanca de purezas negras,

con un principito mentiroso y cortas minifaldas,

con paz impaciente de camisolas largas,

Botas hasta las rodillas hincadas de amor en ruego.

y collares de Amor y Paz enredando la vincha

entre el pelos lacios y sueños rojos. Y rotos.

En la universidad de entonces, la de

andar por la vida

sin las penas que a solas, mata y desgarra

Y me busqué...

Como se busca el tiempo...

Y me ví, por fin, a través del renacer inmenso

con secular impulso,

elevarme como denso humo

mirando incrédula mis propios despojos.

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